DIFUNDIR PARA CONSERVAR

En este texto recopilamos el artículo que se publicó en el extra que Levante-EMV elaboró en enero de 2016 sobre Patrimonio de la comarca valenciana de L’Horta, y en el cual ofrecíamos nuestra valoración profesional sobre la gestión patrimonial. Publicándolo ahora aquí, aprovechamos para traducirlo al castellano así como incidir en algunos temas.

DIFUNDIR PARA CONSERVAR

Hace ya tiempo que en la sociedad actual se percibe una sensibilidad en pro del patrimonio. Afloran colectivos, instituciones, asociaciones, etc. Esta activación ha generado una participación social y un consumo patrimonial creciente. Pero…

¿Qué es el Patrimonio?

La legislación vigente establece tres grandes categorías de bienes patrimoniales: bienes inmuebles, muebles e inmateriales. En base a esta tipología, integran el Patrimonio las construcciones y los objetos de valor e interés artístico, histórico, arqueológico, paleontológico, etnográfico o científico-técnico. También el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los lugares naturales, jardines y parques con valor artístico, histórico o antropológico. Además son patrimonio cultural valenciano, en calidad de bienes inmateriales, las creaciones, conocimientos, costumbres, prácticas y usos más representativos de la cultura tradicional valenciana (manifestaciones musicales, artísticas, gastronómicas o de ocio, y especialmente aquellas que han sido objecto de transmisión oral y las que mantienen y potencian el uso del valenciano.

Sin embargo, ¿quién define qué tiene valor e interés? ¿quién elige qué merece  la pena ser conservado y valorado?

A menudo, el fetichismo de los objetos y de la monumentalidad deja fuera del imaginario colectivo y de la gestión aquello cotidiano y tradicional como patrimonio valioso y a conservar. Es obvio que no debemos tener presente únicamente los monumentos consolidados sino también la arquitectura tradicional e industrial, las manifestaciones populares y orales, los paisajes culturales, y todo aquello material e inmaterial, que engloba ese gran universo del Patrimonio; porque el “valor” no lo deben marcar criterios estéticos o cronológicos, donde prima lo más antiguo/lo más bello; esto simplemente nos hace caer en una especie de síndrome de Stendhal. Sino que el “valor” de los bienes patrimoniales debe radicar en los rasgos culturales, etnológicos, sociales, históricos, etc. que nos puede explicar. De manera que Patrimonio también pueden ser cosas tan comunes o cotidianas como los viejos azulejos de la antigua casa de la iaia, los refranes valencianos que ya casi no se escuchan, las maneras de hacer y de trabajar que están perdiéndose. Y es que nosotros somos protagonistas en la creación de la cultura que nos rodea y también construimos día a día nuestro patrimonio.

El Patrimonio se consolida, pues, como un gran concepto caleidoscópico, diverso, cambiante e integrador, que irradia diferentes valores.

Es evidente su valor material, también el económico como motor y recurso de desarrollo. No obstante, queremos destacar aquí su valor cultural, simbólico, emotivo y de apropiación social; y el hecho que sea un recurso no renovable, con valores singulares e insustituibles. Por lo tanto, es crucial implementar políticas y proyectos de gestión global que desarrollan: documentación, estudio-análisis, intervención, conservación y divulgación.

El Patrimonio destaca por una doble naturaleza de un lado histórico-cultural y  de otro material-física, que exige una gestión global. Esta gestión debe incluir  la documentación, investigación, intervención, conservación y divulgación; y debe ser llevada a cabo por equipos interdisciplinares de técnicos formados y receptivos con las necesidades del patrimonio y las de la sociedad.

La gestión global del patrimonio

Las competencias territoriales de intervención en materia patrimonial vienen regladas por el marco legislativo; pero a nadie se le escapa (solo hace falta echarle un ojo a los periódicos o a los informativos) que a menudo se producen actuaciones, especialmente en la gestión e intervención urbanística, que resultan difíciles de digerir y que en muchos casos pueden incumplir la ley. En este sentido, unos de los mejores aliados para la buena gestión a escala local son los Planes Directores y Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU), que se convierten en el elemento directriz que tiene que documentar, regir y salvaguardar los repertorios municipales: sino conocemos qué tenemos, no podremos proteger, conservar y difundir. Razón por la cual debemos exigir que los ayuntamientos implementen políticas patrimoniales con equipos de expertos, rigurosos y sensibles con las necesidades del patrimonio y de la sociedad porque la gestión no acaba con la documentación, intervención o conservación. Deviene, por lo tanto, crucial implementar buenas políticas y proyectos de gestión total del patrimonio, que desarrollen ciclos de gestión globales y completos: documentació, estudio-análisis, intervención, conservación y divulgación.

¿Para qué sirve entonces el patrimonio? Se preguntan algunos… El patrimonio tiene que ser concebido como un bien para disfrutar a la vez que un recurso de conocimiento; tiene que ser integrador y generar comunidad. En este sentido, además de la regulación, la intervención y la restauración, también la difusión tiene que formar parte de las políticas patrimoniales que implementa una ciudad/pueblo.

La gestión patrimonial y cultural tiene que tener siempre una finalidad educativa, de uso público y de incorporación del patrimonio a las estrategias del desarrollo local. Es esencial acercar la ciudadanía a los bienes patrimoniales (repertorios museísticos, patrimonio histórico, arquitectónico, inmaterial, natural, etc.) porque la apreciación del patrimonio, la empatía y el saber reconocer algo como propio y representativo genera una retroalimentación que nos ayuda a gestionarlo y conservarlo.

El patrimonio pertenece al conjunto de la ciudadanía y sobre él podemos no sólo pedir información respecto a su administración sino también exigir responsabilidades por las actuaciones y gestiones deficientes o paupérrimas. Debemos alejarnos de políticas patrimoniales que respondan únicamente a la legitimación de discursos políticos, y desde la profesionalidad defender y potenciar el uso cultural y educativo del patrimonio como parte de nuestro trabajo. Finalidad común y esencial ha de ser la intervención eficiente, transparente y objetiva del patrimonio para conseguir un conocimiento y una documentación exhaustiva, que permita una administración, intervención y divulgación eficaz. Y es que, la gestión de los bienes culturales exige una planificación estratégica que profesionalice el sector y que tenga presente la necesidad de especialistas competentes en la gestión cultural y patrimonial.

La importancia de la difusión en la gestión patrimonial

Al fin y al cabo, hace falta que la sociedad valore y conozca el patrimonio y participe del trabajo que se hace para conservarlo. No existe una fórmula mágica pero sin duda, una de las ecuaciones más exitosas en este sentido se resume así:

La gente valora y conserva aquello que estima;

estima aquello que conoce y entiende;

y conoce aquello que le han enseñado y explicado.

Se evidencia así la importancia de los proyectos integrales de gestión, donde la divulgación sea incluida y potenciada como herramienta de educación, sensibilización y conservación preventiva de nuestro patrimonio.

A.Moreno

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One response to “DIFUNDIR PARA CONSERVAR

  1. Retroenllaç: Senyalització d’elements patrimonials a Quart de Poblet | quart de poblet: història i patrimoni·

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