Aldaia durante la Guerra Civil

En aquest Article Convidat, publiquem un text del nostre col·lega, l’aldaier, Vicent Comes on aborda la problemàtica i l’anàlisi històrica de la guerra espanyola (1936-1939) al municipi d’Aldaia. Recentment s’ha editat en Quart de Poblet un llibre sobre aquest mateix període històric (Moreno i Olmos, 2015) i curiosament les referències que llegim a Aldaia són semblants a les que coneguem a Quart en temes com la gestió municipal, els conflictes polítics i econòmics, la colònia de xiquets evacuats de Madrid, la Junta de Defensa Pasiva, la crema de l’arxiu, etc.). Sens dubte, és un plaer per nosaltres que aquest espai del webbloc també servisca per difondre treballs i apunts sobre els pobles veïns, i estem segurs que la retroalimentación entre uns i d’altres serà sempre benvinguda i positiva. Gràcies Vicent per la teua col·laboració.

La Guerra Civil en Aldaia

No tenemos estudios sobre la Guerra Civil en Aldaia. No hace falta señalar que es una etapa delicada de abordar pues despierta todavía muchos sentimientos enfrentados, con los que hay que ser respetuosos. No obstante, en muchos pueblos de nuestro alrededor se han publicado trabajos muy documentados, fruto normalmente de jóvenes historiadores, que se han acercado a aquel período cainita con una actitud rigurosa y cuyas investigaciones están arrojando luz sobre esos complejos años. Como ya se sabe, las guerras civiles, por su propio carácter fratricida, son siempre más difíciles de desentrañar que otros tipos de guerras. Quizá haya llegado el momento de que también en Aldaia empecemos a hablar serenamente de aquel tiempo.

En esta ocasión, me voy a ceñir exclusivamente a las Actas del Ayuntamiento durante la Guerra Civil. Por tratarse de un documento oficial, son una fuente histórica muy limitada, con muchos silencios y vacíos sobre lo que ocurría en la vida cotidiana de una localidad de tres mil y pico de habitantes (por ejemplo, nada se dice de la represión republicana sobre vecinos de Aldaia). Pero es una importante fuente escrita que merece tenerse en cuenta. En dos libros manuscritos a doble página y numerados del 1 al 50 (lo que representa unas cien hojas cada uno), y un tercero con apenas catorce páginas, se recoge la gestión que los concejales republicanos hicieron entre 1936 y 1939.

Ya de entrada sorprende que la primera Acta corresponda al 9 de octubre de 1936, es decir, casi dos meses después de iniciada la guerra. La explicación de tal anomalía la encontramos en los primeros párrafos:

“El motivo de la reunión —se dice literalmente— era dar conocimiento de lo ocurrido en este Ayuntamiento el día siete del actual”. Cuenta el alcalde, Miguel Ferrer Navarro, que “ese día, siendo las catorce horas, estando en las dependencias municipales, se presentaron en las mismas un grupo de cuarenta hombres aproximadamente, armados de fusiles y pistolas, y sin dar explicaciones de ninguna clase, comenzaron a echar todos los documentos y papeles, que existían en la Secretaría y Archivo municipal, a la vía pública, a la vez que otros les prendían fuego. Una vez realizado el hecho, que duró menos de diez minutos, desaparecieron los visitantes en los automóviles que eran portadores”.

Nada se nos dice sobre la procedencia de los individuos ni su filiación política. Ciertamente, el caso de Aldaia no había sido algo aislado. De hecho, en muchos pueblos (en Picanya y Alaquás, por aludir a dos cercanos) se habían producido desmanes similares, cuyo sentido para sus autores —muy probablemente, anarquistas— no era otro que el de inaugurar una nueva etapa revolucionaria destruyendo la documentación que para ellos simbolizaba décadas de dominio burgués (planteamiento difícil de entender desde cualquier sensibilidad interesada en la conservación del patrimonio histórico). Como consecuencia de este acto de barbarie, nuestro archivo municipal carece prácticamente de fondos documentales anteriores a octubre de 1936.  Curiosamente, como citan Moreno y Olmos, en Quart el archivo municipal fue quemado en esas misas fechas “durante la noche del 8 al 9 de octubre de 1936” (2015, 35; 43) .

  1. Un Ayuntamiento con muchos cambios

Conviene hacer un breve repaso histórico para situar adecuadamente a quienes componían la Gestora Municipal cuando se inicia la documentación que analizamos.

Guerra civil, Aldaia, Vicent Comes

Concejales de Aldaia y tiempo en el cargo (1936-1939) [Vicent Comes©]

Como es sabido, los ayuntamientos quedaron elegidos el 12 de abril de 1931, dos días antes de proclamarse la República. A pesar de otro intento en abril de 1936 por parte del gobierno de Azaña, no hubo nuevas elecciones municipales durante todo el período republicano (salvo, excepcionalmente, en algunas localidades del país). Aquel 12 de abril, en Aldaia salieron elegidos Francisco Ros (que ostentó la alcaldía), Simón Guasp (Primer Teniente-Alcalde), Rosario Más (Síndico), Sofío Navarro, Germán Iglesia Galindo, José Guasp Ferrer, José Andrés, Enrique Mateu y otra persona cuyo nombre desconocemos. Este ayuntamiento democrático, al igual que muchos otros, fue sustituido por orden del Gobernador Civil a finales de abril de 1936, formándose una Comisión Gestora Municipal con representantes de los partidos del Frente Popular, ganadores dos meses antes de las elecciones generales. Desconocemos, por ahora, los nombres de esta primera Comisión Gestora en Aldaia.

Al producirse el golpe militar del 18 de Julio, se formó en Aldaia —al igual que prácticamente en todos los municipios de la zona republicana— un Comité Revolucionario con cerca de treinta personas, pertenecientes a partidos de izquierda y a los sindicatos Unión General de Trabajadores (UGT, de carácter socialista) y Confederación Nacional de Trabajadores (CNT, de inspiración anarquista). De este modo, en las primeras semanas de la guerra hubo en el municipio dos poderes de hecho —la Gestora y el Comité—, con ciertas tensiones entre ambos organismos al pretender los sindicatos absorber o anular la Gestora. No lo consiguieron, si bien en septiembre de 1936 debió de alcanzarse el acuerdo que permitió entrar a un representante de cada sindicato en la Gestora.

Así llegamos a la Gestora Municipal que nos aparece en la primera Acta, la de 9 de octubre de 1936. De ella forman parte Miguel Ferrer Navarro ―apodado “El Puncho”― como alcalde, miembro de Izquierda Republicana (el partido de Manuel Azaña)[1]; el socialista Salvador Vilanova Cánovas como Primer Teniente-Alcalde; Francisco Guzmán Dalmau en el cargo de Síndico; y como concejales figuran Emilio Pinazo Mateu, José Esteve Ortí, José Martínez Lluna (de apodo “El Chapa”), Pascual Ferrandis Peiró y Manuel García Paredes ―éste del Partido Comunista―. En los pocos meses que le quedaban a esta Gestora Municipal, lo más relevante, según las Actas, fue la aprobación del Presupuesto Municipal para 1937.

Los historiadores están de acuerdo en que la llegada de Francisco Largo Caballero a la presidencia del gobierno de la República, en septiembre de 1936, supuso un serio intento por controlar la pluralidad de poderes que se habían ido formando en la retaguardia en los primeros meses de guerra. Se pretendía restablecer en lo posible la legalidad republicana, limitando el poder adquirido por los diferentes organismos “populares” creados tras el 18 de Julio al amparo de un evidente vacío de poder gubernamental. En este sentido, una medida importante fue el decreto del Ministerio de la Gobernación, de 4 de enero de 1937, por el que se disolvían todos los ayuntamientos y comisiones gestoras existentes, correspondiendo a cada Gobernador Civil constituir nuevos Consejos Municipales. Unas semanas después, llegaba a Aldaia el correspondiente oficio del Gobernador Ricardo Zabalza con los nueve nombres que debían formar el nuevo ayuntamiento. Por los dispersos datos que aparecen en las Actas, la distribución de puestos, al parecer, fue la siguiente: tres concejalías para el Partido Socialista, dos para el Partido Comunista, dos para Izquierda Republicana, una para UGT y otra para la CNT.

La sesión constituyente del nuevo Consejo Municipal tuvo lugar el 24 de enero de 1937. Debió de ser bastante tensa, puesto que no hubo consenso previo y cada organización optó por votar a uno de los suyos para el cargo de alcalde. Así se deduce de las dos votaciones que hubo necesidad de hacer. Al final, en segunda votación, por mayoría relativa de cuatro votos, salió elegido alcalde Joaquín Ferrandis Guasp, representante de la UGT. Como Primer y Segundo Teniente-Alcalde fueron elegidos Juan Solves Portó y Manuel García Paredes, respectivamente, ambos del Partido Comunista. Para la tarea de Síndico se eligió a José Palop Taberner. Quedaban como concejales Emilio Pinazo Mateu, Vicente Cortés Exers (de la CNT), Joaquín Gironés Guzmán, Francisco Colomer Vidal y Miguel Ferrer Navarro (de Izquierda Republicana).

No puede decirse que llegase la estabilidad al Ayuntamiento. A principios del verano de 1937, el alcalde Joaquín Ferrandis Guasp solicitaba al Consejo un permiso de sesenta días para asuntos propios. Ya no volvería. De forma interina, durante cuatro meses se hizo cargo de la alcaldía Juan Solves Portó. Pero el problema no estuvo sólo en la máxima autoridad, pues al llegar septiembre, además del alcalde Joaquín Ferrandis, habían dimitido los concejales Vicente Cortés y Joaquín Gironés. De acuerdo con los criterios con que funcionaba el Consejo Municipal, la UGT colocó a José Martinez Lluna en sustitución de Ferrandis; por su parte, la CNT nombró a Ernesto Sorlí Chenoll para sustituir a Cortés. Quedó, no obstante, pendiente de cubrir la dimisión de Gironés. Hecha esta recomposición de fuerzas, en la sesión del 20 de septiembre el Consejo Municipal procedió a elegir nuevo alcalde en la persona del recién llegado José Martínez Lluna, que obtuvo la mayoría absoluta de seis votos sobre siete concejales presentes. En realidad, suponía devolverle la alcaldía a la UGT y ponerle fin a la interinidad del Partido Comunista.

Los casi dieciséis meses de José Martínez en la alcaldía representan el mayor tiempo de permanencia de todo el período bélico. Sin embargo, a mediados de 1938 puede constatarse que a las sesiones semanales, en que se celebraba pleno del Consejo, apenas asistían cuatro o cinco concejales por haberse incorporado algunos al frente de guerra (tal eran los casos de Manuel García Paredes, Ernesto Sorlí Chenoll, Emilio Pinazo Mateu y Joaquín Gironés Guzmán). Ante esta anómala situación que afectaba a la gestión municipal, en el Acta de 5 de mayo de 1938 aparece el acuerdo de exhortar a los partidos y sindicatos locales a que nombren sustitutos de los ausentes. Unas semanas más tarde se insistía en la misma petición:

“ya que muchos acuerdos requieren mayoría absoluta y otros las dos terceras partes del Consejo Municipal”. Por desinterés o por falta de personal, tampoco se obtuvo respuesta. El alcalde recurrió entonces al Gobernador Civil, y éste ―en oficio de 9 de julio― amenazó con clausurar locales si las organizaciones de Aldaia no se decidían a proponer nombres. La presión del Gobernador hizo su efecto. Según el acta de 23 de septiembre, el Partido Socialista propuso a Vicente Toledo Portalés y a Carmelo Alemany López; Izquierda Republicana, a Adolfo Montoro Folch; el Partido Comunista, a Mariano Sanchis Más; y, finalmente, la CNT a José Blasco Sanz.

Reorganizado el Consejo Municipal con nuevos miembros, correspondía proceder de inmediato a la elección de alcalde. De nuevo apareció la división entre los concejales, ya que cada organización prefirió votar a alguno de sus representantes. En segunda votación ―y sin que nadie cambiara el sentido de su voto― salió reelegido José Martínez Lluna con sólo cuatro votos (es decir, por mayoría relativa sobre nueve votantes). Asimismo, para Primer y Segundo Teniente-Alcalde fueron elegidos Juan Solves Portó y Adolfo Montoro, respectivamente. Y para Síndico, José Palop Taberner. Sin embargo, cuando todo parecía definitivo, tan sólo un mes más tarde el Partido Comunista proponía dos nuevos concejales ―Vicente Catalá Chornet y Vicente González Más―, en sustitución de sus representantes Juan Solves y Mariano Sanchís, que habían marchado al frente.

Sin duda, algunos plenos semanales del Consejo Municipal en el último trimestre de 1938 fueron conflictivos. A pesar del tono mesurado y conciso en que están escritas las Actas, puede observarse el carácter muy crítico de algunas intervenciones ―especialmente, de Adolfo Montoro― contra la gestión municipal de los meses y años anteriores, dando a entender que había existido cierto descontrol en las cuentas públicas, cuando no alguna sospecha de aprovechamiento partidista. Ciertamente, la profunda revisión de cuentas que se exigió, no revelará finalmente ninguna malversación económica sino, en todo caso, alguna anomalía administrativa. Pero lo novedoso era el clima de desconfianza que había entrado en el Consejo, dejando de tener los plenos el habitual carácter rutinario.

Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende mejor lo ocurrido en la sesión del 12 de enero de 1939. Ese día, los concejales José Blasco, Vicente Catalá, Adolfo Montoro, Vicente González y Miguel Ferrer presentaban de urgencia una Proposición Incidental en la que pedían una nueva elección de cargos en el Consejo. Superada la primera reacción de sorpresa, el alcalde José Martínez quiso parar la maniobra alegando que podían someterse a votación los cargos de Tenientes-alcaldes y el de Síndico, pero en ningún caso la alcaldía. No lo entendieron así los cinco firmantes de la Proposición y, con su mayoría absoluta, iniciaron el proceso de votación para todos los cargos. Como cabía suponer, la alcaldía recayó en Adolfo Montoro ―de Izquierda Republicana― por cinco votos, mientras los otros cuatro concejales (José Martínez, Vicente Toledo, Carmelo Alemany y José Palop, que formaban el bloque PSOE-UGT) ni siquiera quisieron votar y, en muestra de disconformidad, se negaron a aprobar y firmar el acta de la sesión, actitud que mantendrían en las dos siguientes reuniones abandonando incluso el Salón de Plenos. Tal vez como reacción al mal ambiente creado, José Palop presentaría la dimisión de concejal unas semanas más tarde. Paradójicamente, mientras en tierras catalanas las tropas franquistas se preparaban para entrar en Barcelona y el Gobierno republicano veía inevitable la derrota, por su parte el Consejo Municipal de Aldaia se dividía en dos mitades ajeno, al parecer, a los acontecimientos bélicos de nuestro país.

Según las Actas, ninguna alteración se produjo en el mes de febrero en la gestión y asuntos ordinarios tratados por el Consejo Municipal. A pesar del final próximo de la guerra que todos debían vislumbrar, de las Actas se desprende una sensación de total normalidad en la vida municipal. Hasta las sesiones semanales del Consejo tuvieron una asistencia numerosa de concejales. En la última, celebrada el 9 de marzo, estuvieron presentes ocho de ellos, incluidos Vicente González Más y Vicente Catalá Chornet, quienes entregaron en ese momento su dimisión al haber sido disuelto el Partido Comunista de Aldaia, al que representaban. Despachado este asunto, el Consejo pasó sin más a analizar y aprobar por unanimidad las cuentas económicas correspondientes a 1938.

El 29 de marzo de 1939 entraban en Valencia-ciudad las primeras tropas del general Franco. Al día siguiente, 30 de marzo, se procedía al cambio de autoridades en Aldaia. Tal como está narrada en el Acta, la puesta en escena del relevo municipal debió de ser impresionante. Se inició la sesión en el Salón de Plenos bajo la presidencia de Adolfo Montoro Folch como alcalde, acompañado de Elías Tierno Blasco, secretario republicano que ejercía desde hacía meses. Seguidamente, el secretario dio lectura a los doce nombres que figuraban en la Orden gubernativa que le había sido entregada. Uno a uno, fueron presentándose Enrique Iglesia Galindo, José Monzonís Camp, José Taberner Montesinos, Pascual Giner Escrich, Alberto Guasp Folgado, Esteban Guasp Ferrer, Abelardo Comes Guasp, José Taberner Miquel, Vicente Mateu Andrés, José Alejos Guzmán Taberner, Daniel Más Serra y Daniel Iglesia Taberner. Después, unas educadas palabras de Adolfo Montoro, que han quedado recogidas en el Acta:

“Dada la bienvenida por el sr. Alcalde y deseándoles acierto en el desempeño de sus cargos, los declaró posesionados en sus respectivos cargos, dándose por terminado el acto que firman todos los Srs. Asistentes, de que todo ello como Secretario certifico”.

En una postdata, aún quiso añadir el secretario que se había practicado el correspondiente arqueo e inventario. Fin del acto. En la escenificación, respeto absoluto a las formalidades: en el estrado, la autoridad republicana; enfrente, sentados, las nuevas autoridades del Movimiento. El lenguaje escueto y sobrio del Acta oficial apenas permite percibir los enfrentados sentimientos que, de seguro, flotarían en la Sala. En pocos ayuntamientos de España se produjo una transmisión de poderes ―de un régimen, vencido por las armas, a otro― como la ocurrida en Aldaia.

Dos días después, el 1 de abril, a las veintitrés horas, se reunían en sesión extraordinaria los doce nombres citados anteriormente, además de José Mª Comes García, que tomaba posesión en esta ocasión. Como concejal de mayor edad, le tocó presidir a Enrique Iglesia Galindo. Sometida a votación la elección de alcalde, resultó elegido el mencionado Enrique Iglesia con doce votos y uno en blanco. El mismo resultado de votos dio la elección de Daniel Más Serra y Pascual Ginés Escrich para las funciones de Primer y Segundo Teniente-Alcalde, respectivamente. Finalmente, para Síndico fue nombrado Abelardo Comes Guasp. Con la distribución de puestos en las diferentes Comisiones y, asimismo, un primer acuerdo sobre el cese de Elías Vilanova Martínez como Recaudador del Servicio de Aguas Potables, se levantó la sesión.

Pero el libro de Actas aún recoge otra sesión, la última que tiene registrada. Se celebró el 7 de abril, siendo convocados los nuevos concejales únicamente para organizar y facilitar al vecindario el canje de billetes republicanos por los billetes del nuevo régimen. Todo un símbolo de que una nueva etapa había empezado.

  1. Los ecos de la guerra

Si los aspectos propiamente políticos han quedado expuestos en el apartado anterior, también las Actas tienen gran interés para entrever cómo discurría la vida en Aldaia en plena Guerra Civil. Entremezclados con detalles secundarios, es posible obtener abundante información, que en este artículo sólo podemos apuntar.

Como es natural, en las Actas aparecen citados decenas de vecinos por los más diferentes motivos:

  • Rafael Morant figura como el farmacéutico al que el Ayuntamiento ha de abonarle los medicamentos que ha ido suministrando trimestralmente a los enfermos pobres.
  • Juan José Sáez Salvador es citado porque ha sido nombrado “tasador de mozos”.
  • Agustín Gimeno Pérez es aludido porque es aceptado por el Ayuntamiento como médico que ha de atender a las familias de la lista benéfico-sanitaria, además de a los numerosos refugiados que han llegado a Aldaia.
  • José Mª Poves y Adolfo Taberner Medina son autorizados a cerrar un solar de su propiedad y, asimismo, se concede la solicitud de José Ferrandis Más para que arranque dieciocho algarrobos y plante viñedo en su parcela.
  • Romualdo Pascual Ribes aparece como nuevo encargado de los motores del pozo de agua.
  • Se admite la petición de Juan Eduardo Schenk Blanes de reconocimiento de vecindad.
  • Sabemos que Ricardo Ferrandis Aguilar es el representante de los Sindicatos Agrícolas del municipio, y que José Ferrer Folgado es el presidente del sindicato “La Paz”.
  • Nos enteramos de que, en 1937, los mayores contribuyentes son José Senent Pitart por el sector industrial; Valentín Bartual Alcácer por propiedades Rústicas y Juan Bautista Ferrandis Sanfroilán por propiedades Urbanas.
  • Descubrimos que los dueños de serrerías ―Juan Senent Blanes, José Mª Royo Folgado, Francisco Guzmán Pinazo y Salvador Taberner Genoll― han acordado con el Ayuntamiento suministrar leña a los vecinos a cambio de 0,5 céntimos por kilo de leña.

La situación de guerra, como es lógico, estaba presente también en las sesiones del Ayuntamiento. El problema del abastecimiento de alimentos a las familias más pobres figura a menudo en los asuntos debatidos entre los concejales, cuya Comisión de Abastos es de las más problemáticas. En este sentido, además de alguna incautación de patatas para ser enviadas al ejército, aparecen diversas medidas de control e inspección de las panaderías para que no se produzcan favoritismos en la venta de pan, procurando incluso traer trigo de Turís para que no falte harina. Asimismo, las dificultades en el suministro de agua potable lleva a la alcaldía a llamar la atención de quienes hacen un mal uso, acordando:

“instalar contadores de agua en los domicilios de todos aquellos vecinos que, haciendo uso abusivo, utilicen el agua potable para servicios que no sean de uso personal o doméstico”. En otro momento, la penalización fue dejar sin servicio de agua a los vecinos que adeudasen más de tres mensualidades sin haber justificado su imposibilidad de pago.

También podemos observar la preocupación por el contexto bélico en un conjunto de decisiones preventivas adoptadas por el Consejo Municipal. Así, en febrero de 1937, el Ayuntamiento se dirigía a la Diputación de Madrid porque se habían observado algunas irregularidades ―así, sin especificar― en el funcionamiento de la Colonia de Niños madrileños que, huyendo del asedio sobre Madrid, se había instalado en Aldaia unos meses antes.

Ese mismo mes de febrero, un bando de la alcaldía apremiaba a los vecinos que poseyeran armas largas de fuego a que las entregasen en el plazo de cuarenta y ocho horas, bajo amenaza de severa multa. Un año más tarde, en marzo de 1938, cuando el conflicto amenace con aproximarse a Valencia, el Ayuntamiento estudiará la conveniencia de construir refugios contra los posibles bombardeos; para ello, la llamada “Junta Local de Defensa Pasiva” acordará financiar la construcción de un refugio mediante un impuesto económico (de 1, 3 y 5 pesetas semanales) que había de ser proporcional a la contribución urbana de los vecinos; pero las Actas no recogen el resultado de tal impuesto ni si finalmente quedó construido el refugio. Un tiempo después, en julio de dicho año, el Gobernador Civil invitaba al Ayuntamiento a que proporcionase un local céntrico en el que poder instalar un receptor de radio que, mediante altavoces, diera noticias “oficiales” a todos los vecinos de diez a doce de la noche, propuesta que fue aceptada por su interés propagandístico. Y como una de las últimas medidas, la alcaldía ordenaba en diciembre a los comercios que cerrasen a las cinco de la tarde y apagasen las luces como medida de precaución contra los ataques aéreos.

Por otra parte, la economía del Ayuntamiento en estos años fue, como puede suponerse, realmente complicada. Por un lado, la quema y destrucción del archivo y papeles de Secretaría ―ocurrida, como ya se dijo, el 7 de octubre de 1936― privó a Recaudación Municipal de una documentación fundamental para el control de los impuestos pendientes de cobro y para gestionar los pagos atrasados por el Ayuntamiento. Aunque el problema por la desaparición de documentación se arrastrará largo tiempo, a 31 de diciembre de 1937 se estimó que el importe de los acreedores ascendía a 62.770,76 ptas., mientras que la cifra de los deudores con el Ayuntamiento sumaba 108.711,46 ptas., cantidad ciertamente elevadísima para un Presupuesto Municipal que rondaba las ciento diez mil pesetas anuales. En una población que padecía una guerra, la mejora de los ingresos municipales era una tarea prácticamente imposible. No obstante, dada la notable disminución de ingresos previstos, el Consejo Municipal aprobó en pleno verano establecer un nuevo impuesto a los vendedores de vino ―una peseta por cada decalitro vendido―, con amenaza de sancionarles entre cien y mil pesetas a quienes falsificasen la declaración jurada del vino vendido. Al final, con algún otro nuevo impuesto, un verdadero ajuste en los gastos y algunos pagos aplazados, el año 1938 terminaría con una existencia de 21,21 ptas. en la Caja municipal.

Con la situación económica descrita y en un contexto de guerra, se comprende que dos infraestructuras previstas por el Consejo Municipal no pasasen de convertirse en proyectos sobre el papel. La primera fue la de construir un Grupo Escolar. La idea venía de tiempo atrás, habiendo ya conseguido el Ayuntamiento una subvención de 288.000 ptas. del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. En marzo de 1937, temiendo el Consejo Municipal que tal subvención quedase extinguida, acordó solicitar del Banco de Crédito Local un préstamo por idéntica cantidad “con la garantía de dicha subvención y exclusivamente para la ejecución del proyecto del Grupo Escolar”. No sabemos si se obtuvo dicho préstamo, pero lo cierto es que en las Actas no se vuelve a mencionar nada al respecto. La segunda infraestructura prevista fue la construcción de la carretera Aldaia-Xirivella. En efecto, en febrero de 1938 el alcalde José Martínez había mantenido conversaciones con el Consejo Provincial para iniciar las obras, encontrando buena acogida. El problema ―se le dijo― era la falta de mano de obra en las circunstancias del momento. Ante esta dificultad, el Consejo Municipal acordó dirigirse a la Dirección General de Prisiones solicitándole “ciento cincuenta hombres útiles para el trabajo, que son los que se estiman necesarios para la construcción” de dicha carretera. Tampoco las Actas vuelven a referirse a esta iniciativa, y la carretera quedó también en mero proyecto.

Para terminar. Tal como nos proponíamos, cuanto precede no es más que una pequeña muestra de la rica información contenida en las Actas para conocer una parte importante de la vida de nuestro municipio en los años 1936-1939. Sin duda, hay que seguir recuperando, sin tabúes, otras fuentes históricas que nos sirvan para arrojar luz sobre un período complejo, pero interesantísimo, de la historia contemporánea de Aldaia.

Vicent Comes Iglesia

Doctor en Historia

[1] Únicamente ponemos la filiación política de las personas cuando consta expresamente en algún punto de las Actas.

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s